Testimonio de Rebeca

Mi nombre es Rebeca, vengo de Popolnah Yucatán y soy del Distrito Caribe, yo no conocía de misiones no sabia de que se trataba, pero cuando Dios medio la oportunidad de conocer este departamento me enamoré por completo.
Primeramente, le doy gracias al Señor Dios Todopoderoso porque me ha permitió llegar a la sierra Tarahumara, es un lugar muy bello, su gente son gente amable, cuando los conoces son hermosos y tiernos, te aman con el corazón. Dios a sido fiel conmigo y su amor es grande.
Para mi CEMAD es una de las experiencias inolvidables de mi vida, Dios puso en mi corazón el deseo tan grande para venir a esta institución y capacitarme, y fue Dios quien me abrió las puertas y marco el camino que debía seguir – ¡alabado sea su nombre!.
CEMAD es una institución que te capacita con la ayuda de Dios para cumplir con tu llamado misionero, cada semana llegan maestros y las clases son muy edificantes, no hay palabras para describir la alegría que siento en mi corazón, le doy gloria a Dios, esto ha sido lo mas maravilloso que tengo, y que no cambiare por nada, Dios me he abierto los ojos, la visión se ha ampliado, lo que sabia no es nada Dios me ha permitido ver en esta escuela con los ojos d Dios.

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Ahora comprendo mas a fondo lo que es el deseo del corazón de Dios, cada una de as clases me ha enseñado muchas cosas que me ayudaran en el campo misionero, no olvidando que es el Espíritu Santo que nos guía para cumplir con la Gran Comisión, las practicas de los fines de semana me ha hecho sensible al pueblo, que hermoso es poder conocer a los hermanos raramuris, gente que ama a Dios de todo su corazón, cada practica me ha llenado el corazón de alegría, me da felicidad encontrar a mis hermanos en la fe que también tienen el deseo de alcanzar a su familia, sus vecinos y gente que ellos no conocen, una de las comunidades que me impacto fue  Siquemuchi, estar allí es estar en la gloria de Dios, es estar en la presencia misma de Jesucristo.
Me sentí tan pequeña ante esa presencia ¡oh cuanto amor hacia Dios!, mientras ellos cantaban la gloria de Dios descendía, nosotros ponemos limites para adorar, pero ellos se gozan, esto me llena el corazón y me impulsa a avanzar hacia mi llamado hacia los sueños de Dios, el me ha fortalecido y su amor me lleva a seguir hacia adelante, amo este momento, esta experiencia, esta bendición.
CEMAD el sueño de Dios para mi vida, ¡que precioso regalo de Dios!